Podría bramar a todo pulmón ante la silenciosa multitud y aún así nadie oiría nada. Porque no se trata del volumen del sonido sino del significado de las palabras; y cada uno me respondería cosas diferentes que poco tendrían que ver con mi comentario creyendo así que apaciguan mi tristeza. Y entre siete mil millones de personas, jamás oiría mi respuesta.
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